Philipp Vorndran (Flossbach von Storch): Los pecados energéticos de Alemania: el error de creerse siempre ‘campeón del mundo’

El Confidencial – 24 de diciembre de 2022 – Artículo de opinión

A los alemanes nos gusta presumir de ser una potencia económica y de la fuerza innovadora que nos caracteriza. Made in Germany está considerado como un sello de calidad muy especial. Seguimos proclamándonos «campeones del mundo de exportación»; sin embargo, hace mucho tiempo que dejamos de serlo. Nos gusta vivir en el pasado. Intentamos conservar a la fuerza lo que no se puede mantener si nos quedamos quietos. Algo así como en el mundial de fútbol: Alemania, un gigante ilusorio.

En los últimos años, la inquebrantable imagen de fortaleza económica que tenemos en Alemania de nosotros mismos ha dado lugar a lo que me parece una actitud difícil de “sabelotodo”, la cual va más allá del ámbito puramente económico. Esta actitud no solo es molesta para nuestros vecinos y socios, sino que también puede llegar a ser contraproducente. Tanto para Alemania, como para toda Europa.

Tomemos el ejemplo «clásico» de la transición energética made in Germany. Angela Merkel, excanciller alemana, la impulsó de la noche a la mañana como reacción al terremoto y al tsunami que en 2011 devastaron las costas de Japón y otros países, y destruyeron la central nuclear de Fukushima.

Transición energética: un plan demasiado ambicioso
En ese mismo instante, el gobierno de Berlín tomó la decisión de alejarse de la energía nuclear y de los combustibles fósiles. Y se tenía que llevar a cabo lo antes posible. Querían evitar que un tsunami en el Mar del Norte arrollara en breve las centrales eléctricas de la llanura del norte de Alemania… El problema de este plan no era necesariamente el plan en sí, sino los fallos en la planificación con los que se implementó. Tomemos el horizonte temporal: probablemente pasará al menos una generación antes de que un emplazamiento industrial como Alemania pueda abastecerse predominantemente con energías renovables. Probablemente, tardará incluso mucho más.

También fue un gran error impulsar el plan sin consultar a sus socios internacionales, especialmente a sus vecinos, y sin sondear una posible cooperación. El lema era: “Mira, de todas formas, sabemos más que tú; pensamos en las generaciones futuras, no como tú”. Levantar el dedo índice parece haberse convertido con los años en un reflejo alemán.

Putin: Se tendría que haber dudado
Como el plan energético era demasiado ambicioso, Alemania tuvo que hacerse dependiente del gas como «tecnología de transición» y, por tanto, dependiente de Vladimir Putin. Aunque el predecesor de Angela Merkel, Gerhard Schröder, calificara a su amigo de San Petersburgo de demócrata intachable, se tendría que haber dudado de su motivación y visión del mundo, a más tardar, desde la anexión de Crimea en 2014. En lugar de eso, los vínculos de la «cooperación energética» germano-rusa se estrecharon cada vez más.

El ataque de Rusia a Ucrania en febrero fue y es, por tanto, un gran problema para la política alemana. No en vano se han producido acaloradas discusiones sobre hasta dónde deben llegar las sanciones contra Rusia y qué armas deben entregarse a Ucrania. Alemania está preocupada, entre otras cosas, por sus relaciones comerciales con Moscú. La falta de acuerdo cuesta tiempo; un tiempo del que Europa no dispone.

Por el contrario, los europeos debemos permanecer unidos si queremos trabajar para poner fin a esta terrible guerra. Y debemos estar unidos, si no queremos ser aplastados en el futuro por los efectos de la dinámica competitiva entre Estados Unidos y China. Si queremos ser percibidos en el mundo como socios fiables, pero igualmente seguros de sí mismos, tanto política como económicamente. Si queremos que nuestros hijos y nietos crezcan en paz y prosperidad.

Alemania debe representar los intereses europeos, sin pretender saber siempre más que los demás.

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